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Armando Sancho Recaj (Zaragoza, 25 de Julio de 1972). Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia. Actualmente ejerce como psicólogo desde 1999 impartiendo cursos de formación ocupacional para trabajadores y desempleados.
Entre sus aficiones, al margen de los toros está la arqueología, la historia, la historia del arte, el senderismo, la lectura...
Le apasiona todo lo que tenga que ver con Aragón: historia, tradiciones, lugares, personajes, y la fabla aragonesa, hasta el punto de haber sido presidente durante varios años del Ligallo de Fablans de l’Aragonés de Zinco Villas y formar parte en la actualidad del Consello d’a Fabla Aragonesa. Y como no, aficionado del Real Zaragoza y del CAI.
Gran aficionado taurino, y presidente de uno de los colectivos taurinos de más solera en nuestra comunidad: La Peña Peñaflorense.



Comencemos por el principio ¿Desde cuándo su afición por el mundo del toro? ¿Hubo alguien que le inculcó esta afición?

Mis primeros recuerdos son toros, encierros, vacas, mansos, pastores,... Mi madre me dice que de muy pequeño dibujaba a todas horas, y que lo que dibujaba siempre eran toros, vaquillas, encierros, recortadores,… Yo nací y me crié en Tauste. Desde la casa donde vivíamos veía perfectamente el encierro y todo el ambiente alrededor del mismo. Supongo que me sucedió lo que les sucede a muchos niños: quedé fascinado por ese animal que todo el mundo temía y, a la vez, seducía. De hecho, a lo que más me gustaba jugar de niño era “a vacas”. Otras veces cogía una toalla y me ponía a dar pases. Imitaba lo que veía. Recuerdo que no me perdía ninguna de las corridas que en aquellos años se daban en TVE, cuando sólo había dos canales. Aún recuerdo, como si hubiese sido ayer, la denominada “corrida del siglo” con Ruiz Miguel, Esplá y José Luis Palomar lidiando toros de Victorino Martín en Las Ventas. Realmente fue una corrida histórica. Es curioso cómo funciona la memoria. A pesar de que han pasado muchos años, podría dar detalles minuciosos de aquellos eventos taurinos de mi infancia. A veces se los he comentado a los protagonistas de aquellas escenas y se han quedado asombrados porque ya ni ellos los recordaban. En realidad, no hubo nadie conmigo que me inculcara esta afición. Si acaso mi madre, pues mi familia materna procede de Rivas y siempre han sido amantes de los espectáculos taurinos. Mi familia paterna es más de fútbol. De ella heredé mi pasión por el Real Zaragoza.

Al lío: ¿Torista ó Torerista?

Siento cierta inclinación por las corridas “toristas” por dos motivos: en ellas encuentro más fácilmente “la emoción y el mérito”, y también porque sólo gracias a ellas se mantienen encastes que hoy en día están en claro peligro de extinción. Ahora bien, eso no quiere decir que sea un radical de este tipo de corridas y que menosprecie a las denominadas “toreristas”. No todo lo “torista” es bueno. He visto corridas denominadas “duras” infumables, con auténticos bueyes con cuernos andando por el albero. Yo, cuando asisto a una corrida, voy a ver al TORO, en primer lugar, y luego a todos los lidiadores (no sólo al matador). A mí me gusta ver al toro bravo, sea de un encaste “duro” ó “comercial”. En todas las ganaderías hay toros bravos y mansos. Ahora bien, hay más cualidades que analizar en un toro. Las complicaciones que muestra son algo a tener muy en cuenta porque en función de ellas voy a valorar la faena de los lidiadores. He visto faenas sin lucimiento pero de mucho mérito que han pasado desapercibidas para la mayoría de la gente. Faenas que requerían sapiencia, profesionalidad, esfuerzo, riesgo y querer. Y sin embargo, no obtuvieron el premio de la oreja porque la faena no correspondía al esquema que todos llevamos grabado en la cabeza, o al menos a la faena ideal actual: faena de muchos pases, artística, con mucha ligazón,… Señores, no todos los toros permiten este tipo de faena, cada toro tiene su lidia. Y esto no lo podemos obviar. A la hora de conceder orejas hay que tener en cuenta el enemigo al que se ha enfrentado el matador. He visto cometer, bajo mi punto de vista, muchas injusticias en la concesión de los premios. Faenas muy artísticas pero ante toros muy claros, muy boyantes, auténticos carretones,… han sido premiadas con orejas; y por el contrario, faenas muy dignas, de mucho mérito, ante toros muy complicados sólo han cosechado el silencio. Podría citar unas cuantas.
Desde mi forma pensar y sentir, el toro en primer lugar tiene la obligación de dar miedo. Si no da miedo carece de importancia todo lo que se haga ante él. El aficionado, o espectador, cuando ve una corrida de toros tiene que percibir el peligro del toro y, a continuación, notar que lo que está viendo hacer al torero él sería incapaz de hacerlo. De ahí, precisamente, procede la admiración. Por eso los toreros son personas especiales, porque son (no todos) capaces de hacer lo que la mayoría de la gente sería incapaz de hacer. Si subjetivamente noto que lo que veo podría hacerlo yo (aunque objetivamente no pudiera) entonces no siento la emoción, y por lo tanto, tampoco surge la admiración. Los toros tienen un componente trágico y tienen que mantenerlo. La muerte está ahí, acechando, en cualquier momento se puede presentar. Y no quiero decir con esto que esté deseando que los toros peguen cornadas. Pero lo que hace grande y diferente a La Fiesta es, precisamente, esto: hay personas que se están jugando literalmente la vida. Si a la Fiesta le quitamos este ingrediente acabará siendo un espectáculo “bonito” pero aburrido; la gente, mientras lo vea, comerá pipas tranquilamente.
Si a esta “Emoción” le añadimos una dosis de “Arte”, pues mejor que mejor. Al igual que disfruto de la diversidad de encastes, también disfruto con la variedad de faenas y distintas interpretaciones del toreo. Al igual que me puedo emocionar con la fiereza de un saltillo de Moreno Silva también lo puedo hacer con el capote de Morante de La Puebla. Esta es la grandeza de la Fiesta, que aun siendo siempre el mismo espectáculo te permite disfrutar de momentos y pasajes muy diferentes.
De las corridas que más disfruto, sin lugar a dudas, son de las corridas concurso. Y es así no por el toro que sale por chiqueros, sino porque en estas corridas las cosas se hacen (o por lo menos se intentan hacer) correctamente, que además cuesta muy poco. Es cuestión de voluntad por parte de todos los lidiadores. En realidad, la corrida-concurso no debería de existir. En todas las corridas se tendría que cuidar al toro y no quitarle el protagonismo que tiene que tener; en todas la suerte de varas tendría que tener su importancia, y que no fuera un castigo, o un mero trámite, sino una forma de medir la bravura del toro, poniéndolo en las distancias oportunas,… ¿por qué demonios en el resto de las corridas no se cuidan estos detalles y todo vale? Pues no, señores, no todo vale. Las cosas hay que hacerlas bien. Ojo, con esto no estoy diciendo que a cada toro haya que ponerlo 4-5 veces delante del caballo, no. Con 2-3 varas, bien medidas, es suficiente para ver lo que lleva dentro un animal. No se trata de exprimir al toro en el peto. El toro bravo ha de serlo en los tres tercios.

Armando Sancho - VACAS EN SAN JUAN

Habrá visitado un gran número de ganaderías de primera. ¿Cuál ha sido la que más le ha impresionado?

Pues todavía me dura la magnífica impresión que me traje el pasado mes de Diciembre de la ganadería de Dolores Aguirre. La finca, Dehesa Frías, en la que pastan los toros y vacas de la ganadera vasca es excepcional: el entorno, la amplitud de los cercados, el cuidado en los detalles, el orden, el paisaje, los propios toros,… No creo que haya animales mejor cuidados que los que aquí guardan.

Por lo que supone a la Historia de la tauromaquia guardo muy buen recuerdo del día que visité Zahariche. Poder entrar allí no es algo que se pueda hacer todos los días. Recordaré también la visita al cortijo San José de Bucaré y el tentadero a campo abierto que nos ofreció Javier Buendía. Y como no, un recuerdo imborrable será la primera visita que realicé a una ganadería de primera en mi vida: a la preciosa y cuidada finca de la ganadería de Concha y Sierra. En todas, y son muchas las ganaderías que hemos visitado con La Peñaflorense, nos han recibido y tratado magníficamente.

Seguro que más de una vez ha soñado con un cartel que ponga patas arriba la Misericordia. Hoy en día, ¿cuál podría ser ese cartel?

Puestos a soñar, a mí me encantaría poder ver en Zaragoza a José Tomás. El pasado verano me desplacé hasta Bayona para poder verlo y mereció la pena. Si con él viniese Morante de La Puebla y David Mora, sería un cartelazo. Como sé que no torearían cualquier cosa, me conformaría con verlos ante ejemplares de El Pilar. No es mi ganadería preferida pero reconozco que lo procede del Raboso sale bueno. De todos modos, soy menos exigente y me conformo con menos. Suelo prestar más atención a los toreros del segundo escalafón que a las figuras. Sigo muy atentamente lo que hacen Diego Urdiales, Rafaelillo, Javier Castaño, Sergio Aguilar, Alberto Aguilar, Iván Fandiño, Robleño, El Fundi,...

Presidente de la Peña Taurina Peñaflorense, ahí es nada!  Sin duda estamos ante una de las agrupaciones taurinas con más solera de Aragón. ¿Cómo entra a formar parte de la peña?

Me incorporé a La Peñaflorense en 2002. Aquel año fui a recortar a las fiestas de Peñaflor. Nunca antes había estado allí. Al finalizar la sesión de vaquillas en la plaza, se me acercó el que era entonces presidente de la peña, José Enrique Altarriba. Me felicitó y me comentó que allí tenían una peña taurina, que realizaban viajes a ganaderías de primera,… Me invitó a formar parte de la peña y yo acepté. A ello contribuyó el que amigos míos de Tauste ya eran socios de la misma.

¿Qué fines persigue la Peña Taurina que usted preside?

Son dos los objetivos que perseguimos en La Peñaflorense. Por un lado queremos que nuestros socios disfruten con el toro, con la Fiesta. Intentamos atender todas las peticiones que nos hacen llegar, especialmente las visitas a ganaderías. Para tener satisfecha a nuestra gente realizamos dos viajes anuales: uno en Primavera y otro en Otoño. A estos dos viajes hay que sumar una “jornada de campo” de un día en la cual visitamos una ganadería de Aragón ó Navarra. Pero, por otra parte, es un empeño de esta Junta directiva que yo presido, el formar a nuestros asociados. Es nuestro deseo que los socios de La Peñaflorense sepan de toros, que hablen con propiedad, con conocimiento de causa, o por lo menos, que tengan la oportunidad de formarse taurinamente. Para ello no descansamos y a lo largo del año organizamos diversas actividades didácticas. La principal es el Curso de Formación Taurina para Aficionados, con clases teóricas y prácticas, distribuidas en cinco sábados y que se imparten en la plaza de toros de Zaragoza. Tras el éxito de acogida y asistencia de las ediciones pasadas, este año nos lanzamos con la tercera edición. Creo que es algo en lo que estamos siendo pioneros en nuestra tierra. Este mismo carácter pedagógico tiene la charla que todos años realizamos después de la feria del Pilar y que dedicamos a uno de los encastes del toro de lidia. Para ello solemos invitar a un ganadero que tenga dicho encaste y a un matador de toros que se haya enfrentado a ellos, y así ver los distintos puntos de vista. Además, contamos también con varias actividades de mero carácter lúdico: comidas, meriendas, cenas,… Solemos hacer que coincidan con las dos fiestas patronales con las que cuenta Peñaflor, en los meses de Julio y Septiembre.

Supongo que llevar el timón de la Peñaflorense le quitará muchas horas de sueño. ¿De dónde se saca el tiempo? Supongo que tendrá algún colaborador fiel en la “trastienda”…

Aquí somos varios quitándonos horas de ocio, de sueño y quitándoles también tiempo a nuestras familias y a otros quehaceres personales. Sin el trabajo y sacrificio de todos los miembros de la Junta Directiva sería materialmente imposible sacar adelante todas las actividades de La Peñaflorense. Cuento para ello con Noemí Hernández en la Vicepresidencia, Antonio Gil en la tesorería, Leticia Hernández en la secretaría y Emilio Navarro en la vocalía. Además, en ciertos momentos, especialmente en la organización de los eventos públicos, es imprescindible la ayuda y colaboración de los socios más veteranos que, desinteresadamente, nos echan una mano.




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